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EL DOCUMENTAL


Dirección y Guión:
Mariano Agudo

Jefe de Sonido:
Daniel de Zayas

Producción Ejecutiva:
Miguel Paredes

Microfonista:
Carlos Pérez

Montaje y Diseño:
Andrés Zoilo                            Mer Cantero

Ilustraciones:
María Rodríguez

Documentación:
Agustín Toranzo

Animaciones y Grafismos:
Kiko Romero

Música:
Lucía Socam                          Juan Ramón Lara                     J.M. Rodríguez Barea

Etalonage:
Eduardo Montero

Documentación:
Agustín Toranzo                Miguel Paredes

Mezcla Sonido:
Juan Egoscozábal



Página Web:
José Manuel Villar

Traducción Página Web:
Luis Rodríguez Piñero

Guillena 1937 reflexiona acerca de la utilización de la violencia sobre la mujer como Arma de Guerra y la necesidad de los familiares de los desaparecidos de encontrar y dar sepultura a sus seres queridos.

EL CONTEXTO HISTÓRICO

Hay una tendencia a establecer una relación causa–efecto entre los hechos que se produjeron tras el levantamiento militar del 18 de julio de 1936 y la represión que efectuaron más tarde los vencedores.
Pero en la provincia de Sevilla, y concretamente en Guillena, esta relación no existe.

En la documentación que hoy se encuentra en los archivos militares, se evidencia que en Guillena en ningún momento se atentó contra la vida de las personas de derecha ni contra la iglesia y su párroco. Tampoco hubo detenciones de derechistas entre el 18 y el 26 de julio de 1936. Este hecho motivó que muchas personas de izquierda desistieran de huir, lo que les traería graves consecuencias. Gran parte de la Corporación Municipal, en manos de Izquierda Republicana, sería llevada a la cárcel de Sevilla y posteriormente fusilada por la aplicación de bandos de guerra. De esta manera, en toda la comarca se desató el pánico y muchos huyeron a los campos en busca de refugio.

En un primer momento las acciones de los sublevados estuvieron dirigidas contra los huidos y fueron, sobre todo, batidas en las inmediaciones de los pueblos, tanto para detenerlos o eliminarlos como para evitar los asaltos que se venían dando en los cortijos en busca de alimentos.

Muchos de los detenidos no lo fueron por captura, sino que se entregaron voluntariamente, en unos casos con señuelos y engaños, y en otros por amenazas contra sus familiares.

Para llevar a cabo la “limpieza” de huidos, Queipo de Llano puso al frente al teniente coronel Fermín Hidalgo Ambrosy, conocido bodeguero de Sanlúcar de Barrameda, que se distinguió por sus duras represalias contra los familiares de los huidos.

EL CRIMEN DE LAS MUJERES DE GUILLENA

Una de las características más llamativas de la represión militar en la provincia de Sevilla es la constante ocultación de los cadáveres de las víctimas. Los represores cambiaban continuamente los lugares donde asesinaban a los detenidos, casi siempre lejos del oído y la vista de los vecinos del pueblo, lo que propiciaba llevarlos a pueblos próximos con los que, a su vez, intercambiaban los destinos de las víctimas. De esta forma, los libros de enterramiento de los cementerios, salvo contadas excepciones, no recogieron registro alguno de los asesinados que fueron inhumados en fosas comunes. En el caso donde dichos libros recogieron las inscripciones de los enterrados, se hicieron desaparecer más tarde para que la investigación histórica jamás pudiera llegar a ellos.

Los pocos rastros documentales sobre este crimen hacen que la investigación de lo ocurrido y la ubicación de la fosa común haya sido una tarea ardua y compleja. Ni en los registros civiles de Guillena y Gerena, ni en los libros de defunción, hay inscrito ningún vecino de los que fueron asesinados sin juicio entre 1936 y 1938. Por tanto, no hay constancia documental sobre estos crímenes.

A través de diversos testimonios orales de familiares y vecinos, recogidos por la Asociación 19 mujeres de Guillena, se cuenta que diecinueve mujeres del pueblo fueron detenidas en septiembre de 1937 y que posteriormente, el 12 de octubre, fueron sacadas del depósito carcelario y paseadas públicamente con las cabezas rapadas, llevándolas a misa. Poco después, fueron trasladadas a Gerena y asesinadas en su cementerio. Sólo dos de las diecinueve consiguieron salvar su vida gracias a su estado avanzado de embarazo.

El profesor Leonardo Alanís, director del instituto de Bachillerato de Gerena, se interesó por este asunto, localizando a un testigo directo de los crímenes, José Domínguez Núñez, de 83 años y natural de Gerena. José le comentó al profesor que aquel día aún no había cumplido los 8 años y se encontraba con unos amigos jugando en un olivar próximo al cementerio cuando sintió unos tiros y se subió a un olivo para ver lo que pasaba. La imagen que describe José Domínguez es aterradora, las mujeres trataban de esconderse en los nichos y falangistas y guardias civiles las obligaban a salir para ponerlas a tiro.

LA FOSA

Muchas personas conocieron con exactitud los lugares donde se enterraron a las víctimas de los asesinatos masivos: los participantes de los piquetes de ejecución, sepultureros, curas, obreros del cementerio, etc… En los pueblos, la llamada fosa de los fusilados era popularmente conocida. Pero durante la dictadura se evitó hablar de estos temas, que pasaron a convertirse en un tabú local durante años. De esta forma, los testigos fueron muriendo y con ellos sus conocimientos y recuerdos.

El 2 de marzo de 2011, siguiendo las indicaciones del único testigo ocular, la Asociación 19 mujeres de Guillena, realizó una cata en el cementerio de Gerena. A 1,20 metros de profundidad aparecieron 40 casquillos de bala, varios cuerpos y calzado de mujer. Sin duda, podría tratarse de la fosa que alberga los cuerpos de las 17 mujeres de Guillena, pero hasta que se cotejen las pruebas de ADN es imposible determinarlo con exactitud. A finales de enero de 2012 comenzó la exhumación de los cuerpos que se prolongó por 3 semanas. En la actualidad, el material óseo se encuentra en un laboratorio de ADN para la confirmación definitiva de la identidad de los cuerpos.